jueves, 15 de julio de 2010

A Proposition (Parte 3)

Cerré la puerta con cuidado, era muy antigua y una mínima ráfaga de aire podría destrozarla. El olor a libro antiguo hizo que me atragantara con mi propia saliva, pero una vez que se me pasó el ataque de tos provocado por ello, fui a una de mis estanterías favoritas. La que hablaba de todo lo sobrenatural.

Indagué buscando algo nuevo que no hubiera leído peor siempre acababan en mis manos los mismos libros. Nunca me había subido a la escalera, tenía demasiado pánico a subirme y abrirme la cabeza en un descuido. La idea de pedírselo a Selenia estaba descartada desde un principio, seguramente me prohibiría los que quisiera leer, así que no era una opción. Me quedé mirando hacia arriba, todos los libros que había y que aún no les había echado un ojo. Tomé valor y con las piernas temblorosas cogí una de las escaleras, la que estaba en la esquina más próxima y la acerqué hasta la estantería. Conseguí subir los primeros diez peldaños, pero de ahí no pasaba, y ahora también me daba miedo bajar, me había quedado atrapada.

-Genial, Al. Te has lucido- dije mientras trataba de bajar un peldaño.

Avergonzada, no tuve otra opción que gritar para que alguien viniera.

La puerta no tardó mucho en abrirse, tras ella Ethan y un soldado parecían exhaustos.

-¿Qué ocurre mi… Alesana?- dijo Ethan titubeante.

-¿Acaso no lo ves? No puedo terminar de subir porque me da miedo, y ahora no puedo bajar por el mismo motivo.

Dando un fuerte suspiro de alivio se acercó a mí, me copio y me dejó en el suelo. El joven era más fuerte de lo que parecía aunque, cualquiera hubiera podido conmigo, era un peso pluma total.

-¿Que hacía ahí subida?

-Quería mirar la zona de arriba de la estantería. Todos los que pudieran interesarme de abajo ya me los he leído.

Ethan sonrió con suavidad, igual que yo había hecho no hace mucho. Se subió hasta lo alto de la escalera y empezó a decirme nombres, pero ninguno captaba mi atención. Estaba a punto de rendirme y buscarme otra afición hasta que digo “Los Changes: Una vida sin concretar”. Mis ojos se cruzaron con los suyos. Deseaba que me lanzara ese libro sin embargo, a pesar de ver la emoción en mis ojos volvió a guardarlo. Eso me encolerizó.

-¿Qué haces? Quiero leer ese.

-La señora Selenia no lo permitiría, lo siento.

-Por favor, Ethan. Necesito leerlo.

-Lo siento mucho Alesana, pero… sabes que podría ocurrirme.

-Te recuerdo que yo también soy tu señora, así que tengo el mismo peso que ella.

-No. Selenia es muy posesiva y dirá que el poder es suyo, al menos de momento. Además, ella tiene pruebas para decir que ella es mi señora, ya que es la reina. Sin embargo, por mucho que me pese, usted no tiene nada a favor, solo la palabra, y por lo tanto Selenia diría que solo debería obedecer sus órdenes.

No me podía creer que Selenia fuera tan ruin. En realidad si me lo creía pero lo odiaba tanto que parecía una broma de mal gusto.

Tenía que convencer a Ethan antes de que se bajara, entonces se me ocurrió una idea.

-¿Quién te ha dicho que vaya a tener los derechos sobre ti también? Estás hablando con la futura esposa de tu reina

A Proposition (Parte 2)

Selenia me miraba de nuevo, sus ojos brillaban con los destellos que producían las bombillas del techo. Colocó apropiadamente su vestido y se arrodilló ante mí, mientras me suplicaba que cerrara los ojos. Obedecí su petición. Noté como sus frías y delicadas manos envolvían una de las mías con suavidad. Mi cuerpo temblaba como un flan, pero ella tampoco estaba muy tranquila, notaba que su pulso iba muy acelerado, como si acabara de correr una maratón. Tras un breve silencio, Selenia pronunció las palabras que más temía en el mundo.

-No preguntaré si quieres ser mi esposa, te preguntaré algo más complejo- se aclaró la voz de nuevo- Alesana, ¿quieres ser mi reina, y por lo tanto, mi sucesora en el trono?

Volví a alzarme, en esta ocasión asustada. Notaba como mi propia saliva podía atragantarme en cualquier momento. Todos me miraban impacientes por la respuesta, sobretodo Selenia, quien permanecía aún con una rodilla en el suelo, manchándose ese precioso vestido. Las piernas me fallaban y se agotaba el aire para mí. No sabía que responder. Desvié la mirada hacia el suelo, evitando a todos aquellos ojos que me traspasaban. Quería salir corriendo de allí. Miré angustiosa la puerta al final de la estancia, pero mi cuerpo no estaba en condiciones de correr, al segundo paso daría un traspiés y caería al suelo.

Sentí la mano de Selenia sobre mi hombro por lo que no pude evitar mirarla. Sus ojos no paraban de preguntarme cual era mi respuesta. Agarré una de las manos de la mujer con fuerza mientras mi cuerpo temblaba, quería que supiera hasta donde llegaba mi nerviosismo. Volví a retirarle la mirada, prefería mirar los platos vacíos de la cena antes que volverme a enfrentar a sus brillantes ojos. Deseaba que todos se hubieran ido cuando levantara la vista.

Sin soltarme, Selenia ordenó a todos que se marcharan. Los siervos abandonaron la estancia sin oponerse, sin embargo no pudieron evitar comentar la situación entre ellos. Un gran murmullo azotó mis oídos hasta que finalmente nos quedamos solas.

Cabizbaja, Selenia comenzó a andar en círculos a lo largo del salón, cambiando de dirección de vez en cuando. Sus manos se entrelazaban en su espalda, moviendo los dedos con cierto nerviosismo. Apoyada sobre la mesa, seguía sus pasos deseando que cesaran pronto, tanto silencio y movimiento me daban ganas de gritar.

-Lo siento-dije mirando mis manos temblorosas amarradas en el mantel.

-No es tu culpa, si no quieres no voy a obligarte. Para serte sincera, suponía cual iba a ser tu respuesta. Fui una ilusa al pensar, aunque fuese por un momento, que sería afirmativa

-Selenia… no te he dicho que no…

Se paró en seco. Sus ojos volvían a brillar con cierta ilusión. Quien lo hubiera dicho. Se acercó a mí velozmente haciendo que su vestido limpiara el parqué de la sala.

-¿Entonces?

-Entonces… no te puedo dar una respuesta ahora. Es una decisión importante y la tengo que pensar. Me entiendes ¿verdad?

-Claro que te entiendo. Esperaré gustosa tu respuesta, y deseo que sea un “si”.

Adelantando una de sus heladas manos a mi rostro, descendió por la mejilla cariñosamente, y con un suave toque en la barbilla me alzó la cabeza hasta que mis labios rozaron los suyos. Me acarició suavemente el cabello y se marchó reprimiendo una sonrisa complaciente.

Estaba sola en aquella sala tan grande. El viento rozaba los muebles de madera consiguiendo que estos gritaran sin cesar. Ese ruido tan escabroso me erizaba el bello por lo que salí de allí apresuradamente.

En la puerta del salón se encontraba Lucy, una joven sirvienta del castillo. Era realmente hermosa. Los tirabuzones rubios caían hasta su cintura, y sus ojos azules casi eran ocultados por su flequillo. Sus tersas y jóvenes facciones se enfatizaban con la calida rojez que poseía en sus mejillas. Quizás lo que más me llamó la atención de ella fue descubrir que era la única persona en todo el castillo que no tenía ningún poder, ni siquiera era vampiro, o licántropo, o incluso un Change… era una simple humana que había sido escogida por Selenia. Siempre me había preguntado por que la había escogido pero nunca había encontrado el momento adecuado para sacarle el tema a Selenia.

Lucy y dos de sus compañeras entraron al salón y, con rapidez y eficacia pronto tuvieron todo recogido. Sus compañeras fueron bastante más rápidas que ella, sin embargo ella tenía más mérito al no tener la misma velocidad que ellas. No recuerdo cuanto estuve allí observándola, pero cuando volví a ser consciente del tiempo noté una mano en mi hombro. Al girarme me encontré con la figura de Ethan. Estaba tan cerca que no pude evitar sobresaltarme. Inmediatamente, el joven consejero apartó la mano de mi hombro y apoyó una rodilla en el suelo. Agarró su otra rodilla fuertemente con los dedos hasta que se rasgó los pantalones.

-¿Qué ocurre Ethan? Ya te he dicho que odio las reverencias.

-Pero yo… la he tocado, me he sobrepasado.-dijo sollozando- Lo lamento mucho.

¿Qué? No digas estupideces, levántate. Lo único que ha pasado es que estaba ausente y no te esperaba, bueno… ni a ti ni a nadie.

Limpiándose las lágrimas que había derramado volvió a erguirse sobre sus dos pies. Tenía el rostro lleno de restos de las lágrimas. Con cuidado acerqué mis pulgares y le limpié la cara. Parecía triste. No me podía creer aún que el simple hecho de haberme tocado le pusiera así. Para que mostrara su fantástica sonrisa una vez más, le sonreí yo previamente de manera comprensiva. El joven Ethan, tal y como yo pensaba, no pudo evitar devolverme aquella sonrisa.

Cuando estaba totalmente segura de que aquel berrinche se le había pasado, fui a la biblioteca que había en la parte superior del castillo. En ocasiones sentía que esa sala podía liberarme un poco de esa prisión.

La puerta crujió cuando la abrí. Tras ella, al menos un millar de libros se distribuían en multitud de estanterías de madera que ocupaban del suelo al techo, junto con un par de escaleras corredizas. Las cuatro paredes atestadas de libros parecían cogestionadas, no había ni un mínimo espacio entre una estantería y otra. En el centro de la sala, se encontraban dos butacas de terciopelo negro, un sofá Burdeos biplaza y una mesita de café.

A Proposition (Parte 1)

Escuché como una llave giraba y me liberaba de esa prisión. Me levanté de un salto de la cama y me apresuré a la puerta, donde coloqué las manos en la cintura y esperé a aquel que estuviera tras la puerta con cara de pocos amigos. Al abrirse, el joven que tanto me había encontrado últimamente, sujetaba un gran ramo de flores ante mí el cual estaba formado por una gran cantidad de rosas rojas y negras. Me miró de arriba a bajo y no pudo reprimir una gran carcajada, a saber que pintas tendría con esa postura. Tenía que admitir que no sabía enfadarme. Afortunadamente no duró mucho aquella escandalosa risa, y tras calmarse un poco me ofreció el ramo. Puse las flores cerca de mi nariz para olerlas mejor, sin duda el olor era esplendido.

El joven se aclaro la voz.

-Alesana, ha dicho la señora Selenia que se vista elegante porque hoy va a haber una fiesta en el castillo.

-¿Cómo me has llamado? ¿Alesana?- dije emocionada- Muchísimas gracias por escuchar mi suplicas…er… no conozco tu nombre…

-Mi nombre es Ethan.

-Muchas gracias Ethan, y dile a la señora Selenia que ahora mismo me visto y que necesito hablar con ella ante que nada.

-Como desee.

Ethan se dio la vuelta y desapareció. Cerré la puerta tras de mí, pensando en que tipo de fiesta sería. Selenia jamás había hecho nunca una, es más, no había convocado a nadie nunca en su castillo, para ella solo era ella, su ego y quizás yo, pero ahí dejabas de contar.

Busqué por el armario algo adecuado para la celebración, por ello intenté pensar por un momento como Selenia pero era más difícil de lo que creía. Comencé a pasar vestido de un lado a otro del armario hasta que me topé con un atuendo que me traía muchos recuerdos, la ropa con la que fui durante mi largo viaje con James y los demás. Cogiendo la camiseta rota por varias zonas me senté en el suelo, recordé entonces el último momento en el que los vi. Hachi lloraba apoyada en Kyo y James y Shallow se marchaban cabizbajos. A pesar de que Selenia se hiciera la tonta, sabía perfectamente que más de una vez había indagado por mi mente y se había encontrado a los nombres de mis amigos, pero una cosa era que hubiera cedido a irme con ella y otra muy distinta era que olvidara a esas personas. Quizás los días que estaba inaguantable eran por ese motivo.

Dejé la camiseta en su sitio, no era momento de entretenerse con esas cosas sino de buscar un vestido o algo para la fiesta.

Aún no había encontrado nada cuando alguien tocó la puerta. ¿Qué? Imposible que tuviera que bajar ya, no había elegido nada por lo que no contesté. Cogí lo primero que pillé que pudiera compaginar con el estilo de Selenia para no perder más tiempo. Mi atuendo era poco propio de mí pero no había otra cosa. Llevaba puesto un corset negro con puntilla en la periferia, una falda larga, también negra, con bastante vuelo y unas botas de tacón de aguja. Me coloqué el pelo en un recogido sencillo y fui a la puerta. Abrí exhausta. De nuevo el joven Ethan se encontraba allí. Sus ojos parecían salirse de las orbitas y de su boca comenzó a caer un poco de baba. Estaba totalmente embobado por lo que no tuve más remedio que zarandearle un poco para despertarle. No hicieron muchos toques para que volviera en sí y me cediera su mano como si fuera mi acompañante en un baile de gala. Si ya temía la actitud de Selenia, esto no lo arreglaba para nada.

Bajando la escalera, agarrada de aquel joven, me sentía como una autentica princesa que celebra un baile en su palacio, aunque tampoco se alejaba mucho de la realidad. Selenia me esperaba abajo, deslumbrante, como siempre, con un vestido largo de terciopelo negro y un escote infinito. No se que pretendía pero ya había tenido suficiente sexo por ese día. Extendió uno de sus largos brazos hacia mí, me agarré a él e inmediatamente, de un tirón me acercó a ella. Sin decir nada me agarró de la cintura para dirigirnos al salón principal.

Dos mesas que ocupaban más de cuatro metros se extendían a cada lado de la sala. Elegantes manteles bordados vestían aquellas mesas. Las sillas estaban ocupadas por muchos invitados. La sala estaba llena. Poco a poco descubrí que aquellos que estaban sentados eran, sorprendentemente, los siervos del castillo. En una circunstancia corriente, Selenia jamás les habría dejado sentarse en aquellas sillas tan exquisitas. Abundante comida servida en los platos se encontraba frente a cada persona. Todos charlaban emocionados, seguramente por el gran cambio de Selenia, pero ¿Qué le abría hecho cambiar de parecer?

Selenia se aclaró la voz para llamar su atención, al instante todos se alzaban prestándonos atención. Ella avanzaba con elegancia, erguida y con la cabeza alta, sin embargo no me soltaba. Tenía una clase y un estilo insuperables, yo nunca podría llegar a su altura respecto a eso. Al fondo del salón, una mesa presidía la cena, nuestra mesa. Nunca me había gustado ser el centro de atención y ahora tendría que cenar frente a todo el castillo. Solo quería que la tierra me tragase.

Selenia aminoraba el paso mientras yo lo reducía, llegó un momento en el que tuvo que tirar de mí hasta llegar a nuestro sitio bajo la mirada de todos. Finalmente ya cada uno en su lugar, Selenia alzó las manos y las bajó suavemente. La cena podía comenzar.

Todo tenía un aspecto delicioso pero tenía el estómago cerrado, no podía tener hambre si estaba pendiente de cada movimiento que realizaba Selenia. La miraba constantemente, me quedaba anonadada al comprobar la elegancia que rebosaba al comer delante de tantas personas, pero sabiendo de la familia de donde viene era de suponer que siempre sabe guardar las formas.

No ocurría ningún percance, se mostraba tranquila, sin dar ninguna orden a nadie. Eso cada vez me olía peor. Estaba deseosa de saber que ocurría. Selenia dejó los cubiertos sobre su plato y se limpió la comisura de la boca. Tras dar un breve sorbo a su copa se levantó. El sonido que produjo su silla al moverse captó la atención de todos, quienes hicieron lo mismo que Selenia. Todos estaban de pie, y lo más siniestro, todo me miraban a mí, incluso Selenia. Traté de levantarme pero ella me lo impidió de un leve empujón. Me sentía cohibida ante los ojos expectantes de todos, estaba empezando a sentir mucho miedo cuando Selenia, al fin, habló para todos.

- Todos sabéis, menos Alesana, el motivo de este festejo. Todos habéis contribuido para que esto sea perfecto, y así ha sido, por ello os doy las gracias.

-¿Que?- grité sin poder contenerme- ¿Tú? ¿Agradeciéndoles a ellos? Selenia ¿te has golpeado la cabeza? ¿Estás enferma? Contéstame- me levanté de un salto.

-No me ocurre nada, solo agradezco que hayan hecho una buena labor, además… he aprendido que es mejor tener contento al servicio para que no se revele.

Asombrada por la respuesta de Selenia, volví a sentarme aunque tarde algo más en reaccionar y volver a escuchar el discurso que estaba concediendo a los presentes. Jamás hubiera imaginado que Selenia llegara a dar un día las gracias a sus siervos, aunque fuera solo para tenerles contentos seguramente sufrió una herida muy grande en su orgullo. Me preguntaba qué pensarían todos de este cambio de actitud tan repentino.

jueves, 8 de julio de 2010

What's Wrong? (Parte 3)

De nuevo sentí sus carnosos labios en mi piel, los cuales se posaron primero en mi oreja, mordisqueando suavemente el lóbulo. Fue bajando después hacia mi pecho, donde se detuvo un tiempo, haciéndome gemir sin descanso tanto con su boca con sus manos. Pero sabía que lo peor aún estaba por llegar, mis ojos le suplicaban que se controlara pero ella hacía caso omiso concentrándose en lo que hacía. Continuó descendiendo por mi vientre moviendo su lengua de un lado a otro hasta que llegó a mi sexo. Sabía que lo iba a pasar mal ahí agarrada, como ocurría siempre, y hasta que no me soltara no podría devolvérselo con creces, le haría sentir el sufrimiento y placer que yo había sentido.

Su boca, sus manos… todo lo sentía ahí abajo, y no paraba de desear que ese momento de desesperación acabara pronto. Mi cuerpo no aguantaría su frenético ritmo aunque en ocasiones lo había hecho, pero las consecuencias habían sido espantosas, mi aspecto dejaba mucho que desear. No lo aguantaba más y los gemidos ya se habrían escuchado en todos los rincones del castillo.

-Selenia… para… por favor…- dije entrecortadamente.

-Se que no te disgusta ¿por qué debería dejar de hacerlo?

-Pero… oh dios- grité. El orgasmo controlaba mi cuerpo- Me voy a morir a este paso…

-No vas a morir, y si así fuera… que mejor manera de morir que morir de placer.

-Oh sí mira que consuelo-contesté de manera sarcástica.

-Alesana… dime que me amas y acabaré pronto con tu sufrimiento.

-¿Pero que diablos? Sabes que te amo, ¿por qué quieres que te lo diga en un momento así?

-Porque hace mucho que no te escucho decirlo

- Selenia, te amo- susurré- pero acaba ya con esto sino quieres que permanezca en coma varios días.

Después de cumplir mi promesa, ella cumplió la suya. Sus dedos entraban y salían de mi vagina con más frecuencia que antes mientras mordisqueaba con fuerza mis pezones, e incluso intercambiaba las manos por la boca en ocasiones, era realmente increíble como me hacía sentir y lo agotada que acababa. Sentir su lengua acariciando mi clítoris fue lo que definitivamente el detonante de mi cuerpo, llegué al clímax sin poder callar un gemido ensordecedor. Mi cuerpo se arqueó de manera exagerada pidiendo más, pero no continuó. Estaba ya muy mojada cuando decidió soltarme. Era mi turno para hacerla sentir lo mismo, o incluso incrementarlo, pero estaba exhausta y no tenía fuerzas ni para levantarme, solo quería cerrar los ojos y descansar.

- Esperaré con fervor que me tortures como yo lo he hecho contigo, mi reina- escuché susurrar a Selenia antes de dormirme.

Al abrir los ojos observé como Selenia no estaba, las cortinas volvían a estar abiertas sin embargo no había luz; la noche nos acompañaba.

Cogiendo un albornoz del baño decidí salir fuera. Fui a asomarme a la barandilla vi como Selenia no paraba de dar órdenes a diestro y siniestro. De nuevo tenía esa cara de preocupación que tenía antes. Cuando se percató que la miraba subió rápidamente las escaleras y sin dejarme decir nada me encerró en la habitación con llave, pero esta vez sin ella. Grité una infinidad de veces pero nadie me abría. Sin duda Selenia estaba metida en algún asunto turbio, únicamente era cuestión de tiempo averiguar que era. Volví a tumbarme en la cama sin parar de dar vueltas, necesitaba hacer tiempo pero en una habitación era difícil. Traté dormirme de nuevo pero fue inútil, acababa de despertarme de un largo sueño. Aún así decidí no moverme de la cama hasta que alguien tuviera la decencia de abrirme.

-A ver si hay suerte y cuando quiten el cerrojo ya esté muerta- grité dramatizando la situación, pero nadie me escuchó.

Pasos y voces cruzadas entre ellas era lo que escuchaba fuera del dormitorio.

What's Wrong? (Parte 2)

Todo el castillo nos esperaba fuera de la habitación, no apartaban sus pupilas de nosotras. Guardias, consejeros, cocineras… no había nadie que se hubiera quedado haciendo sus tareas, todos habían acudido frente aquella puerta, esperaban ansiosos escuchar de nuevo la cruel voz de su ama. Selenia avanzó dejando a la gente que la esperaba atrás, no dijo ni una palabra, ni si quiera una muestra de desprecio, solamente se mostró indiferente. Notaba los ojos de los demás clavados en la espalda de Selenia, quien ni se inmutaba de ello. Realmente podía ser aún más fría de lo que me había demostrado.

Antes de que alguien me atrapara para sacarme información traté de seguir los pasos de Selenia, aunque fue inútil. Cuando me quise dar cuenta estaba arrinconada por una gran multitud de personas. Todos hablaban a la vez, era totalmente imposible intentar averiguar que decía cada uno. Mi cerebro estaba hirviendo como una olla a presión, en cualquier momento, como siguieran así, estallaría.

-¡Parad de una vez!- grité- ¿No os dais cuenta que no me entero de nada de lo que me decís? Si hablarais de uno en uno como personas civilizadas respondería a toda pregunta que estuviera en mis manos contestar. Pero con vosotros no hay manera…- estaba completamente sulfurada, en vez de personas parecía una granja.

-Perdonad señora pero…-comenzó uno.

-¿Cuántas veces he dicho que no me llaméis “señora? No soy señora, nunca lo seré… es más, casi me identifico más con vosotros que con este tipo de vida que tengo ahora.

Todos enmudecieron al ver mi actitud descontrolada, pero demasiado calmada había estado hasta ahora, corrigiendo a todos aquellos que me ofrecían un título que no me correspondía. Impresionada por mis propias palabras, me alejé lentamente de ellos hacia atrás, y al dar tres o cuatro pasos me di la vuelta y eché a correr hacia la puerta principal. Afortunadamente nadie me siguió, me estaba entrando un ataque de ansiedad y con la finalidad de que me dejaran tranquila, podría sacar a relucir una cara no me gustaba. Respirando hondo apoyada en la puerta de madera traté de tranquilizarme, al fin y al cabo, ellos solo seguían las órdenes que les dictaba Selenia. Pensé entonces que debía disculparme.

Traspasé la puerta sin pensármelo dos veces. Selenia había regresado y estaba de todos los presentes, quienes se habían inclinado frente a ella. Esa escena se había vuelto cotidiana y cada vez me sorprendía menos de verla. Les estaba dando una especie de sermón y no podía escucharlo, por lo que, sigilosamente, me acerqué unos pasos y me agaché detrás de uno de los tantos jarrones que había en aquel lugar.

-¿Dónde está Alesana? No mintáis y confesad donde se ha metido. Seguro que la habéis hecho algo y como me entere de quien ha sido, se puede dar por muerto.

-Mi señora-dijo el joven que antes me había proporcionado la información sobre el paradero de Selenia.- lo único que ha ocurrido es que queríamos saber que le había pasado a usted, y sin pretenderlo la hemos acorralado. Creo que ese ha sido el principal problema por el que ha estallado, pero luego…

-¿Luego? Así que hay más todavía. No se de que me sorprendo.

-Tras estallar, hemos ido a pedirle disculpas, pero únicamente por el hecho de llamarla “señora” ha terminado de expulsar su furia y ha salido del castillo.

-¿No me ocultáis nada más, o puedo mataros ya mismo? No consiento a nadie que le haga pasar un mal rato a mi futura prometida, ¿entendido?

¿Prometida? ¿Cuándo había aceptado casarme con ella? Traté de dejar ese tema apartado durante un momento, ahora lo único que tenía que hacer era correr hacia ellos para que no matara al chico. Inmediatamente salí volando hacia allí poniéndome delante del joven. Mirando desafiante a Selenia el chico aprovechó para apartarse. Los ojos de Selenia jamás habían mostrado tanta incredulidad, y quizás fuera comprensible, no todos los días te encuentras la escena de tu pareja defendiendo la vida de un siervo. Selenia, quien estaba preparada para atacar, bajó los brazos y se acercó. Me abrazó con tanta fuerza que casi echo el desayuno pero fui fuerte y reprimí las nauseas que me provocaba que me estrujara el estómago. Si Selenia no hubiera sido tan orgullosa podría asegurar que habría llorado en aquel momento. Sin duda yo era su debilidad y lo se estaba dejando ver a todo el mundo. Era extraño que Selenia con lo cuidadosa que era se arriesgara aunque también es cierto que era muy difícil que todos sus siervos se sublevaran.

Selenia me cogió cual saco y me subió escaleras arriba sin desviar la mirada de todos sus súbditos, no alcanzaba a ver su rostro pero juraría que no había más que hostilidad en aquella llameante mirada.

La puerta de la habitación la habíamos dejado abierta con tantas sorpresas. Me tiró a la cama sin reparo, afortunadamente el colchón no era para nada duro. Mientras yo trataba de incorporarme, aquella mujer cerraba con todos los cerrojos posibles la puerta y las ventanas, sin olvidarse de echar las cortinas. Ni un rayo de luz me rozaba, tampoco era capaz de distinguir nada, por no ver no veía ni la silueta de Selenia que estaba junto a mí. Enganchó mi cuello entre sus dientes e incidiendo con eficacia comenzó una noche de tantas otras.

Ya tenía cogido el punto exacto en mi cuello donde, cada vez que me rozaba con su boca, era imposible reprimir un gemido de placer. Mientras saciaba sus colmillos con mi piel, se iba quitando la ropa bruscamente y la tiraba aleatoriamente por los rincones de la habitación. Recorría en ocasiones mi cuello con su lengua consiguiendo que mi respiración se entrecortara constantemente, me faltaba el aire cuando ponía sus pechos sobre mi boca.

Poco a poco yo también me iba deshaciendo de mi ropa, hasta que finalmente quedamos las dos sin ninguna prenda. Sintiendo nuestros cuerpos desnudos, me besó apasionadamente y me esposó al cabecero de la cama, ambas manos me quedaron inutilizadas. Me hubiera encantado ver su cara mientras sutilmente cogía unas esposas y tiraba la llave lejos.

No podía hacer ya nada, simplemente disfrutar hasta que decidiera soltarme, y eso no sería hasta horas más tarde. La impetuosidad y el fuego que poseía Selenia tardaban mucho en sofocarse.

Empezó acariciándome cada milímetro mi cuerpo, sus dedos marcaban mis débiles curvas con suavidad. Mi torso se estremecía. Cada vez que lamía mi vientre una corriente de placer recorría mi cuerpo.

-Relájate y disfruta mi pequeña princesa-dijo con voz sensual.

-No Selenia, sabes que no aguanto tu frenético ritmo, para ahora que estás a tiempo.

-Pues para eso estamos ahora aquí, para practicar y que así un día puedas llegar a aguantarlo.

-Esa respuesta está pillada por los pelos, no me sirve.

Sin embargo no me dio otra respuesta.

miércoles, 7 de julio de 2010

What's Wrong? (Parte 1)

Apenas tenía aún los ojos entreabiertos cuando sonrió sin malicia y me acarició la el rostro. Su mano estaba fría, más de lo normal quiero decir. Con suavidad deslizó sus dedos alrededor de toda mi cara. No hacía falta que hablara estaba segura de que se sentía feliz de que estuviera allí, y aunque ahora reprimiera mis preguntas, una vez recuperada no podría evitar acosarla hasta que me las respondiera. La besé de nuevo e intenté salir de la habitación dejándola descansar, sin embargo sujetó una de mis manos con todas las fuerzas que le quedaban. Su rostro suplicaba algo de compañía pero su voz no manifestaba ningún tipo de sonido. Tan callada, tan débil… sin duda no era la misma Selenia de siempre.

Poco a poco fue recuperando el aspecto sobrio e imponentes de siempre, sus ojos habría recobrado el brillo fugaz propio de su lujuria interna, y sobretodo sus labios trataban de decirme algo aunque su voz sonara aún muy frágil.

Alguien tocó la puerta un par de veces, y sin esperar una respuesta, el joven consejero que me había informado antes de la situación entró en la estancia. Su rostro antes preocupado ahora parecía más sereno e intentaba reprimir una sonrisa de alivio al ver a Selenia ya casi recuperada.

-Me alegra verla despierta, todos estábamos preocupados.- dijo el chico- Nos ha dado un buen susto.

-No hay tiempo para preocupaciones, todos sabéis que hay intrusos ¿los habéis localizado?- su voz aún era débil pero tajante, no existía para ella tregua entre ella y sus sirvientes- Cuando los halléis traedlos ante mí.

-Como deseéis, se lo diré ahora mismo a los guardias.

El muchacho, abatido por la respuesta ante su preocupación, desapareció de la habitación al instante. Miré ferozmente a Selenia, quien aún permanecía postrada en la cama a pesar de tener fuerzas suficientes para levantarse. Su actitud hacia el pobre chico no había sido nada correcta, odiaba esa manera con la que trataba a los demás, alguien debía de darla con un canto en los dientes para que aprendiera a respetar al prójimo. Pero que se podía esperar de una persona avariciosa, egocéntrica y… para concretar, todo lo contrario de una persona íntegra. Deseaba que se comportara con los demás igual que conmigo. Bueno, igual… igual… no, había aspectos de ella que solo los deseaba para mí, pero en cuanto a respeto no entendía su manera de ver el mundo. Éramos totalmente opuestas, era algo insólito que no pudiéramos vivir la única sin la otra.

Con la mirada fija en el techo, Selenia se mojaba continuamente los labios con su lengua, permanecía pensativa, mi presencia no conseguía incomodarla ante sus pensamientos tan profundos. Algo la preocupaba pero no podía afirmar la razón, podía ser desde los intrusos hasta su desmayo. Estaba tan absorta en sus propios temas que llegué a pensar que quizás se había olvidado que estaba allí, por ello me levante y me acerqué a la puerta. Antes de que pudiera girar el pomo completamente, su voz, ya recuperada casi por completo, me detuvo.

-¿Dónde vas? ¿Me abandonas tan temprano? Pensaba que estabas preocupada.-sus preguntas retóricas me revolvían el estómago, sabía que odiaba las preguntas estúpidas.

-No quiero molestarte mientras piensas en tus “malvados” planes, porque es eso en lo qué estás pensando ¿verdad? ¿Cuál va a ser tu próxima conquista? En realidad, no me importa, sabes que no formaré parte de tu plan.

-¿Qué te ocurre, Alesana? No planeo nada, solo pienso en… bueno… en lo ocurrido. ¿Te han dicho algo?

-No- contesté apenada- intenté sacarles a los médicos que te había ocurrido, pero lo único que me dijeron fue “que te lo diga ella misma”. Así que desde que has despertado es lo único que espero.

Sus ojos volvieron a cerrarse suavemente y los abrió casi al instante, pero sus ojos se perdieron de nuevo en el techo. Hasta pasados unos minutos no decidió dedicarme otra mirada. Mientras se incorporaba cogió una de mis manos y me dirigió a la cama para que me sentara junto a ella. Esa actitud no me olía nada bien, me iba a decir algo que no me iba a gustar, lo presentía. Una vez sentada junto a ella impregné mis pulmones de su aroma, a pesar de a ver estado en cama sudando y convulsionando su aroma natural no sabía evaporado a ninguna parte. Sus ojos volvían a evitarme, únicamente miraban nuestras manos entrelazadas. Me puse realmente tensa, como no abriera la boca pronto me daría una ataque cardiaco en cualquier momento.

-Alesana- tragó saliva- estoy enferma, muy enferma para serte franca. Nunca quise decirte nada porque había dos posibilidades y ninguna de las dos me gustaba. La primera es que podrías abandonarme sin ningún temor, y pasaría mis últimos días sola, sin nadie a quien dejarle mi legado. La segunda es que te preocuparías demasiado, no vivirías por estar pendiente de mí, y no me lo niegues, te conozco. Si no te lo he dicho es porque no quería sentirme sola, pero sobretodo porque no quería que te preocuparas.

Al escuchar esas palabras la respiración de me cortó de inmediato. Sabía que algo no iba bien, y sin embargo por no preocuparme esa mujer estúpida no me dijo ni una palabra. Intenté hacerme la fuerte como ella siempre hacía, aunque solo fueran apariencias, pero no pasaron más de dos segundos desde que ella acabó de hablar hasta que las primeras lágrimas comenzaron a ensuciar mis pómulos. No rompí a llorar cual histérica, pero esas lágrimas sí que cayeron y no pude hacer más que estrecharla entre mis brazos y llamarla “tonta” continuamente. Ella se mostró tan entera como siempre, y cuando me aparté de ella, limpió las lágrimas que seguía derramando con un delicado movimiento de mano. En un instante el mundo se me había venido abajo solo pensando en su muerte, otra vez iba a vivir su desvanecimiento como había ocurrido años atrás. Solo el hecho de recordar esos momentos consiguió que se me erizaran los pelos, fue un duro golpe que pensé que jamás volvería a experimentar. Tenía un miedo terrible y, a pesar de no decírselo, me imaginaba que ella lo sabía. Además, no solo temía por su muerte, sino que también temía por la responsabilidad que caería sobre mí, quería que yo fuera su sucesora a pesar de ser completamente opuesta a ella.

Me levanté de la cama terminando de eliminar los restos de las lágrimas de mi cara y le tendí mi mano. Era la hora de salir de aquella habitación en la que apenas quedaba oxígeno y comunicarles a todos lo ocurrido, y sobretodo para anunciarles que Selenia ya estaba en pie. Viendo mis intenciones tiró de mi brazo y negó con la cabeza muy seriamente. No hacía falta ser muy inteligente para saber que quería saber ocultándolo pero ¿por qué? No valía la pena hacerme preguntas con esa mujer, siempre quedaría alguna sin responder ya que era imposible descubrir que pasaba por su cabeza en cada momento. No pude más que asentir y girar el pomo de la puerta cuidadosamente.

jueves, 24 de junio de 2010

A Long Time (Parte 3)

En cada rincón de aquel jardín, al igual que dentro del castillo, había uno o dos guardias, sin duda era un lugar bien vigilado pero odiaba tener a alguien siempre vigilando mi espalda. Había momentos en los que conseguía ignorarlos, pero no era fácil.

Estaba preocupada por Selenia por lo que intenté vislumbrar su figura en alguno de los ventanales del primer piso, era una tarea bastante complicada por no decir imposible. En más de una ocasión tuve que ponerme de puntillas, pero ni así conseguía verla.

Pasaban los minutos lentamente y no tenía ninguna novedad acerca de ella. Cada vez que se metía en ese estudio me ponía muy nerviosa, no sabía que podía estar haciendo, ni que podía estar pensando, lo único que sacaba en claro de estas situaciones es que siempre salía medio muerta de aquella habitación. Nunca me había atrevido a entrar pero ella siempre decía que era su estudio, nunca había confiado en que eso fuera cierto aunque si me mentía por algo sería.

Volví a entrar en el castillo, de nuevo el olor a antiguo me envolvía y mis ojos no veían nada más que guardias. Asustada me acerqué a ellos. Había tres fieles servidores a cada lado de la escalera, mirándose los unos a los otros así que, antes de preguntar a los guardias, decidí ir a sus más fieles consejeros. Abriéndome paso como podía me coloqué frente a uno de los ancianos. Mis ojos vidriosos miraban los suyos en busca de una respuesta, sin embargo él no hacía más que esquivarme. Definitivamente algo había tenido que ocurrir con Selenia.

-¿Qué ha ocurrido?- dije temiendo elevar demasiado la voz.

Nadie contestó. Unos me miraban, otros directamente se hacían los locos. Me enervaba que me trataran así en un momento en el que lo estaba pasando tan mal.

-Acabo de decir que qué ha ocurrido, ¿no me habéis escuchado?- mi tono de voz en esta ocasión era más rudo, autoritario- Os exijo que me digáis que ha pasado de inmediato.

Me sentía acalorada por la vergüenza de haber hablado de esa manera, pero al mismo tiempo me sentía realmente realizada, como si llevara una eternidad deseando decir esas palabras. Hablar así de vez en cuando no hace daño a nadie. Al instante observé como uno de los consejeros más jóvenes se acercaba y se inclinaba ante mí. Cuando miré su cara fui capaz de ver que era realmente joven, apenas un niño.

- Mi señora… se trata de la señora Selenia… no sabemos que la ocurre. Estaba tirada sobre el escritorio de su estudio, agonizando. Varios doctores privados la han examinado pero aún no han descubierto nada.

-¿Por qué no me lo habéis comentado antes? Soy su pareja ¿no? No creéis que soy la que más derecho tiene aquí para saber que le pasa a Selenia?- grité mientras millones de lágrimas caían por mis sonrojados pómulos- Quítate por favor, necesito verla.

-Mi señora- dijo mientras apartaba a los guardias que había en mi camino- ahora está en vuestro dormitorio.

Sonreí levemente al chico pues no tenía fuerzas para nada más. Subí las escaleras de dos en dos intentando no caerme. Al llegar a la puerta del dormitorio inspiré profundamente y al soltarlo abrí con un golpe la puerta. Tras ella varios hombres rodeaban la cama, formaban un grupo tan cerrado que me era imposible ver a Selenia. Me fui acercando lentamente a la cama, los ojos de los supuestos doctores me analizaban, casi podría asegurar que me atravesaban. Cuando conseguí acercarme lo suficiente solo deseaba taparme los ojos, el cuerpo de Selenia convulsionaba sin cesar. Mi impulso de abalanzarme sobre ella para intentar calmarla lo evitó uno de los hombres que había cerca de mí. Sin dejar de sollozar miré las facciones marcadas de aquel hombre, la arruga de su frente de dejaba notar con exageración. Solo me dejaban mirar pero ¿mirar el qué? No hacían nada, simplemente veían como su cuerpo no dejaba de moverse y ellos mientras, con los brazos cruzados y asintiendo continuamente.

-¿Queréis hacer algo de una vez? Me estáis cabreando ya. Si sois doctores ¿a qué coño esperáis para curarla?- grité sin poder reprimir mi más profunda ira- Os prometo que como no empecéis a curarla, cuando se ponga buena, haré que juegue con vosotros, y no os equivoquéis, vosotros seréis el juguete al que hay que destrozar.

-Tranquilízate y espera, no creo que tarde mucho en cesar.

-¿Qué? ¿Esto ya le ha pasado antes? ¿Por qué yo no sabía nada?

-Efectivamente, le ha ocurrido más veces, pero hasta ahora nunca nadie había sido testigo de ello. Siempre que se ha sentido mal nos ha llamado, pero en esta ocasión ignoramos por qué no lo ha hecho.

-Y… ¿podría decirme que le ocurre?- dije algo más calmada- si puedo hacer algo…

-No te puedo decir nada, no estoy autorizado. Si quieres puedes preguntárselo tú cuando despierte.

Minutos más tarde de la breve conversación con el doctor, el cuerpo de Selenia comenzó a relajarse hasta quedarse quieto, no había más convulsiones. Estaba tranquila como si nada hubiera pasado. Sin decir nada, los doctores se marcharon de la habitación en silencio dejándome sola con ella. Me senté en el suelo sobre las rodillas y dejé caer mi cabeza cerca de la suya, esperando a que no tardara mucho en despertarse, tenía demasiadas cosas que explicarme y yo… bueno, no se como reaccionaría. Su respiración serena movía mi flequillo tan suavemente que me hacía cosquillas en la frente. Reprimí la inocente risa que estaba a punto de soltar, como empezara a reírme no podría calmarme ni en una hora, por ello coloqué una de mis manos sobre mi frente, así el pelo no se movería y las ganas de reírme cesarían. Sus carnosos labios quedaban tan cerca de mí que no pude evitar mover la cabeza y saborearlos una vez más. Fue un beso suave, lento y breve para no despertarla pero fue inútil, cuando me quise dar cuenta estaba abriendo los ojos.